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jueves, 31 de julio de 2014

Matar al dinosaurio para exhibir sus huesos

Como si hubiera estado esperando el regreso de Vilma Baragiola al HCD, el Ejecutivo eleva a consideración del cuerpo un proyecto a medida de la candidata: autorizar a la firma “Falucho y Sarmiento SA” a adoptar indicadores urbanísticos especiales para levantar un edificio de 11 pisos anexado a la propiedad de la esquina mencionada en el nombre de la empresa, obra del arquitecto Alula Baldassarini.
Por supuesto, la firma se compromete a conservar el bien, “mantener sus fachadas y refuncionalizar su interior”. Es más: juran que cederán a la Municipalidad un espacio que será “un espacio de cultura, un museo”, o algo así que difunda la obra de Baldassarini.
¿Qué significa esto? La firma que lleva el nombre de fantasía de la esquina, y que por lo tanto no puede acreditar trayectoria alguna, y cuya función se agotará al terminar la obra, quiere hacer un edificio en ese lugar. El mentado Alula Baldassarini planteó para la que fuera su casa de veraneo una serie de premisas estéticas, y de eso se trata cualquier cosa que se denomine “obra”. Una de ellas es un espacio libre lindero, que sería destruido con una edificación. Pero lo que el Ejecutivo pone al debate no es si hacen el edificio o no. Lo que se pone en discusión es otorgarle a una empresa con nombre de sello de goma y de inciertos integrantes, una excepción para que pueda construir por encima de lo permitido en las normas. Todos hemos visto el famoso video en el que la presidenta del concejo deliberante junto a sus acólitos piden “una colaboración” para cambiar una ordenanza vigente. Este caso es igual. No tenemos los videos de los pedidos de colaboración. Pero cuando una ordenanza, cualquiera sea, permanentemente se ve afectada por excepciones y modificaciones de acuerdo al proyecto que se presenta, se ve afectado un principio básico que es “la igualdad ante la ley”. No rige en nuestra ciudad la igualdad ante la norma, ni tampoco rige la misma norma si se la modifica para satisfacer al que no pueda obtener tajada de ella. “Decile a los conservacionistas que te mantengan a vos el chalet”, afirma el vergonzoso Tony Constantino en el famoso video. Los conservacionistas somos los vecinos que no podemos, en nuestro reclamo, esgrimir ordenanza alguna, porque se modifica según el caso.
Dictar una excepción implica determinar una ganancia extra al empresario, sin que éste aporte mejora a la ciudad alguna.
Desde ya, todos los privilegios establecidos a favor de la industria de la construcción desde hace alrededor de diez años, en busca de disminuir la desocupación, no dieron resultado y por lo tanto, ameritan su derogación, en tanto la ciudad sigue ostentando índices de desocupación que duplican al del país en general.
Cabe preguntarse qué responsabilidad tienen los empresarios de la ciudad en los índices de desocupación locales.
Por supuesto, voces que no suelen ser repreguntadas ni cuestionadas suelen decir que estas cosas sucederán en tanto no esté delineado en el marco del Plan Estratégico el nuevo Código de Ordenamiento Territorial que, por lo que sostienen sucesivas camadas de concejales “resolverían estas situaciones”, ya que las contemplarían y evitarían los engorros de tener que dar la cara ante las constantes excepciones, y pagar su costo político. El nuevo COT, por lo tanto, decretaría el fin de la ciudad como la conocemos, y la demora en su confección no sería otra cosa que encontrar una forma “legal y no vergonzosa” de redactarlo para establecer que la ciudad, su patrimonio histórico y su identidad se privatizaría a favor de las empresas constructoras.
¿Se entiende? Un grupo de supuestos iluminados en nombre de un saber bastante discutible y de “no ahuyentar inversiones” va a determinar la ciudad, no su estado municipal ni sus ciudadanos.
Desde ya, los vecinos no tenemos participación alguna en la elaboración del Plan Estratégico, ya sea por acción directa o porque complican mucho la participación. El Plan Estratégico y el nuevo COT se elaboran en un marco oscurísimo donde el contribuyente no tiene cabida ni opinión, en horarios en que el común de la gente está en sus empleos. En tanto se trata de definir la ciudad para las próximas décadas ¿qué tal si lo definimos en consulta popular?
Ahora bien, muchas voces se alzarán para sostener que “al menos el chalet de Baldassarini” se va a conservar. Permítanme dudarlo: la empresa se compromete a mantener sus fachadas y “refuncionalizar su interior” ¿qué significa eso? Que todas sus paredes internas, obra del genio de su creador, fruto del mismo sueño que elaboró la fachada, serán derrumbadas para los fines del edificio que tendrá al costado. Si Baldassarini es tan admirado ¿porqué se cuestiona la distribución que hizo de la casa? Es decir, su obra será la planta baja a doble altura, el hall, el lujoso felpudo del edificio en cuestión, el monograma en la bata, la cabeza de ciervo sobre la chimenea de los constructores.
Taxidermia patrimonial, le dicen. Yo digo que es mucho peor. Están matando al dinosaurio vivo para exhibir sus fósiles a cambio de dinero.
Porque si tanto admiramos la obra del arquitecto Alula Baldassarini, si tanto respetamos su memoria ¿qué mejor que homenajearla sin destruir sus creaciones? No necesitamos un espacio que nos hable de la obra que permitimos destruir. No hace falta ese nuevo verso de un “espacio cultural”, mucho menos a cien metros de aquel otro espacio cultural que iniciara ese nuevo verso. Con conservar, ya estamos. ¿Vamos acaso a inaugurar un “espacio cultural” en cada lugar donde derrumbemos un bien importante para la ciudad, a ver si como sociedad nos sentimos menos culposos? ¿vamos a fingir que respetamos el patrimonio porque colocamos una foto de la propiedad que derrumbamos en el lugar donde estaba? ¿Vamos a aceptar seguir viendo la ciudad en las fotos históricas de los diarios?
Es cierto que van a surgir voces, algunas financiadas por las cámaras de la construcción, diciendo que el chalet “se cae a pedazos”, que “está usurpado” y que “algo hay que hacer urgente”. Los años de ver estos temas me han enterado de cómo funcionan ciertos intereses: compran propiedades que terminan una y otra vez usurpadas y deterioradas hasta que su demolición es casi un clamor popular. Vean el Chateau Frontenac, por ejemplo, o varias casas sobre la calle Rawson a metros de la exterminal, con su luz exterior permanentemente encendida, la persiana semilevantada y su factura de Cablevisión en el buzón, pero vacías o abiertas a gente que retira objetos de su interior o baldea sus veredas para que los vecinos no se quejen de la mugre de los perros.
La sumisión de esta administración –y seguramente la próxima- a los “sagrados inversores inmobiliarios” es tal que ante el accidente de un obrero en la obra de la exterminal, quien sale a explicar lo que sucedió no es la empresa responsable, sino José Luis Castorina, funcionario municipal, que a tal punto dice que el obrero tenía todo el equipamiento de seguridad necesario, que cayó porque “se le zafó el arnés”.
Castorina, hoy de perfil bajísmo, es el mismo que durante mucho tiempo fue presidente del colegio de arquitectos y a la vez  Secretario de Planeamiento Urbano. El que por el mismo escritorio demandaba mejoras como directivo de una cámara empresarial de la construcción y como funcionario, las firmaba.
Y la pregunta de siempre. ¿hace falta un desarrollo inmobiliario que no se corresponde con las cifras de crecimiento demográfico de la ciudad? De ninguna manera, salvo que lo que se pretenda sea desplazar a la población a vivir en un ejido mas cerrado, para dejar desatendido todo lo demás.
Porque para los constructores, resulta que en lugares donde está el chalet de Baldassarini se acepta construir “porque el lugar ya está impactado de edificaciones en altura”, mientras que en los sectores de la ciudad donde no hay edificios, habría que construir “porque el lugar tiene futuro”.
Como sea, pareciera que no hay razones para no construir en altura, y lo que se haga en lugar de ese “deteriorado chalet” es infinitamente inferior a la propiedad que se destruye. Pareciera que para muchos marplatenses, la calidad de añoso de algo, justifica su demolición. La ciudad va tomando un aspecto impersonal. Pulti definió una ciudad pequeña y extremadamente urbana, a la que no muchos se resisten y que no se diferencia de un barrio porteño, y en la que suceden estas cosas, problemas para estacionar, necesidad de bicisendas y metrobuses, y todo lo demás, es el conurbano. Allí no hay “puestas en valor”, ni se habla de progreso.
Progreso es construir aulas y salas de salud. De eso no hablan las urgidas empresas constructoras que afirman buscar el bienestar de todos los marplatenses.
La Escuela Especial 512 se encuentra en la calle Rawson, a un par de cuadras de ese lugar y a metros de la exterminal. El chalet en el que funciona no sirve mas. Sus techos se llueven, las paredes se electrifican porque la instalación ha colapsado. Hace falta un nuevo edificio, pero la Provincia tarda en alquilar uno hasta que se reforme el propio. Funcionaría muy bien en el chalet de Alula Baldassarini, y sin deteriorar su estructura básica. Como tantas oficinas municipales que luego terminan siendo alquiladas a costo del contribuyente, la exterminal también hubiera servido. Lograrlo implica mover los mismos hilos que de otra manera terminan perjudicando a la ciudadanía.
Contradiciendo al payasesco Tony Costantino, que sí participaba en las reuniones para reformar el COT, y desconocemos si de alguna manera sigue participando, yo estoy de acuerdo con que los vecinos nos hagamos cargo de la historia marplatense. Que elaboren un proyecto que haga que los propietarios de edificios de interés patrimonial no paguen ningún impuesto, ni la luz ni el gas. A cambio de que mantengan la propiedad en estado original. Como si fuera un “centro cultural” de la Municipalidad. Le va a salir al erario público mucho mas barato que las asociaciones con oscuras cámaras empresarias.
O que cada uno de estos empresarios beneficiados por estas normas, construyan una escuela, la donen a la provincia o la municipalidad y se comprometan a mantenerla durante la vida útil del edificio que se les permitió construir.
Hay que velar por la identidad de la ciudad. Hay que tomar conciencia de su importancia y beneficios que trae a la ciudad. Una leyenda cuenta que la esposa del fundador, Cecilia Peralta Ramos miró una noche por su ventana y vio el mar, con sus olas coronadas por la luz de la luna. Y entonces dijo: “Esto es el Mar del Plata”. Muchos políticos y pseudoempresarios entendieron mal la anécdota y andan detrás de “un Mar de Plata”.

sábado, 17 de agosto de 2013

Vilma Pulti e vampiros

Desde hace alrededor de dos meses, la Escuela 41 de Punta Mogotes no tiene clases. Un problema estructural que pone en peligro a alumnos, directivos y trabajadores impide su normal funcionamiento, que se está realizando de manera virtual, como ocurrió en 2009 durante el forzado receso por la gripe A.
El problema no es menor. La escuela 41 comparte espacios de hormigón con la escuela primaria 14 que, si no fuera por ese sector, no sería mas que un tinglado con algunas aulas demarcadas y no sabemos en qué medida, la falla estructural de una no afecta a la otra.
Por supuesto que ambas escuelas, como también el jardín de infantes 931, con frente sobre la calle Arana y Goiri, hacia los fondos de la 14, comprueban anualmente el incremento en su matrícula, sin que se planee la construcción –no ya de lo que estructuralmente está dañado-, sino de nuevas aulas que lleven a satisfacer la demanda.
La dirigencia política de la ciudad ha sido tradicionalmente ignorante de los problemas de esta zona que en verano, reporta enormes beneficios económicos por su sector de playas. Y en vez de interiorizarse sobre las realidades de Punta Mogotes, tanto políticos como funcionarios optan por dar respuestas estandarizadas, que sólo pueden satisfacer a quienes no viven por aquí.
Una simple recorrida por las calles de este sur puede dar muestras de esto: pavimentos inexistentes que afectan ya no al vecino que se embarra al salir de su casa –no es ese el problema principal-, sino a la circulación de todo un sector de la ciudad que debe recurrir a las pocas calles pavimentadas con continuidad para poder salir a las avenidas Mario Bravo o Edison, o distribuirse desde éstas a las demás calles. Problemas en los suministros de agua y otros servicios, sobretodo en el verano y hasta en los fines de semana largos, los colectivos que no cumplen con sus frecuencias, la casi nula señalización de las calles. Un ejemplo de esto es que el nombre de la Avenida Martinez de Hoz fue cambiado por una ordenanza cuando se inauguró su doble mano hasta el Puerto. Sin embargo, recién hace unos meses se han puesto los nuevos carteles que la identifican como “De los trabajadores”. Aunque previamente a eso, se le habían colocado unos carteles que remarcaban su nombre como “Miguel Martínez de Hoz”, aún cuando oficialmente ya no se llamaba así.
El sector está tan olvidado en relación a su influencia en la ciudad que los candidatos ni siquiera vienen a sacarse una foto al barrio durante la campaña.
Sin embargo, pretenden imponer soluciones que suenan de otro mundo, fabricadas en despachos muy lejanos. La más típica es el artilugio dialéctico que intenta asociar esa idea de olvido oficial con “retraso”, y de ahí, la necesidad de destrozar patrimonialmente el sector para llenarlo de edificios torre que de ninguna manera solucionarían los problemas del barrio y, por el contrario, los acentuarían.
¿Se entiende? Cuando se les reclama a los políticos sobre el "olvido" del barrio, éstos cambian esa palabra por "retraso", la cual los habilita para aprobar negocios propios que, lejos de hacer recordar el sector, lo destruyen.
Podríamos llegar a un acuerdo con la dirigencia política de la ciudad: olvídense de Mogotes, pero al menos, no molesten. Pero esto es imposible de lograr cuando el aleteo del dinero pasa tan cerca de quienes manejan la ciudad.
Cada tanto, los directivos de las principales cámaras de la construcción de la ciudad, nefastos personajes que a esta altura merecerían un diagnóstico del Dr. Castro, se turnan para aparecer en los medios que no les anteponen la menor crítica. Fingiendo “preocupación” por la construcción en Mar del Plata, que siempre parece estar al borde de un apocalipsis que nos llevaría a algún 2001, plantean la necesidad de realizar megatorres en la zona sur de la ciudad. Esta semana que pasó, Norberto Cánepa, del centro de constructores, salió a decir que “La zona Sur es un espacio virgen” para estas construcciones. Como si no hubiera por aquí gente con actividades, trabajos, casas que se construyen y se reforman, vidas y chicos que van al colegio y precisan de mas aulas. La ética de la topadora. El mismo discurso del genocida Roca sobre "La conquista del desierto".
Aún resuenan en el barrio las palabras de su par de la Cámara de Desarrolladores Inmobiliarios, un tal Luis Silva, que calificó a la zona de Mogotes, un típico barrio de chalets marplatenses y casas bajas, diferente de otros sectores de la ciudad, como que “da lástima”.
Claro, la nula crítica que estos señores reciben de los medios que los entrevistan, el tono de charla de amigos con que se plantean los reportajes, no tiene su correlato cuando desde estos mismos medios le preguntan a los vecinos que se les oponen, ante quienes no dudan en practicar el periodismo incisivo sin mediar atenuantes a quienes no están acostumbrados a los medios masivos.
Con frecuencia, los políticos que no se acuerdan del barrio, plantean la necesidad de “modificar el Código de Ordenamiento Territorial”, y aducen dudosas razones de modernidad, un crecimiento nunca verificable de la ciudad y otros puntos que encubren dos temas que aún no han podido esconder detrás de las amañadas redacciones de las ordenanzas: uno, que el llamado nuevo Código de Ordenamiento Territorial no sería otra cosa que un escrito a medida de las cámaras inmobiliarias de la ciudad que decretaría el fin de los barrios de casas bajas en nuestra ciudad, salvo que sean construidos como exclusivos countries o barrios privados por estos mismos desarrolladores, una especie de ciudad sin ayer, en la que se permita demoler todo lo histórico y todo lo emblemático, y en la que los edificios de la Avenida Colón, aunque con un poco de pasto alrededor, serían el modelo de desarrollo citadino, en la que la estética y necesidades edilicias de la ciudad estaría al servicio y capricho de unos pocos empresarios forrados en dinero, y dos, que de esta manera, los concejales e intendentes de la ciudad no deberían recurrir a las llamadas “excepciones” para aprobar dislates edilicios y así, no pagar el temido costo político.
En tal sentido, vale la pena recordar un episodio que tiene unos tres, tal vez cuatro años, cuando a través de la Sociedad de Fomento tomamos conocimiento de que la Provincia de Buenos Aires andaba buscando un lugar para edificar una escuela secundaria en Punta Mogotes. La versión nos llegó también a través de otra fuente, que aseguró haber visto a los funcionarios provinciales recorrer la zona del llamado “centro comercial de Mogotes” preguntando si por allí había algún terreno en venta apto para la construcción. Intentamos averiguar de qué área provincial habían venido los funcionarios, pero resultó imposible.
Sin embargo, tuvimos una idea: en la esquina de Lebensohn y Av. de los Trabajadores se erigía el antiguo Hotel Iguazú. Una construcción típica de la zona, de tres plantas y techo de tejas coloniales, que había dejado de funcionar como tal y entonces se estaba deteriorando sin uso ni función, con el destino que todos suponíamos. Aquel lugar, reacondicionado, reciclado, podría servir como escuela. Tenía un terreno adyacente que bien podría funcionar como patio-gimnasio y entrada por dos calles. La sugerencia, de haber dado con los funcionarios, hubiera sido su expropiación, la conservación de un edificio emblemático y su utilización para el bien público.
Pensamos en ese edificio porque a un par de cuadras allí funciona el Instituto Educativo Punta Mogotes, una escuela privada que ocupa un edificio que alguna vez fue colonia de vacaciones y tiene características similares.
El Hotel Iguazú, en ese barrio al que los funcionarios no prestan atención para causas vecinales, terminó siendo demolido, sin que ni el intendente ni los concejales escuchen a los vecinos que quisimos que se no se lo tire abajo, aún proponiendo que en su lugar funcione una escuela. Algunos allegados a concejales nos reprocharon la idea de que “se desperdicie” un lugar frente al mar para fines educativos, los mismos que un par de años antes nos hicieron llegar la opinión de una concejal: “si no quieren edificios, váyanse a vivir al campo” y que mereció la respuesta acerca de que, gracias al mismo accionar de los concejales, en el campo nos envenenarían con fumigaciones de agrotóxicos. 
En el terreno yermo del que fuera el Hotel Iguazú se colocó un cartel en el que una empresa inmobiliaria de la zona, asociada a otra dedicada al negocio agropecuario, construiría una torre de forma abanicada.
Claro, el proyecto, bastante ambicioso, violaba toda reglamentación sobre la construcción en la zona y su adyacencia con el complejo de Punta Mogotes, cuya área verde es considerada parte de la Reserva Puerto, a la que iba a echar sombra y, por lo tanto, no podría ser afectada por construcciones cercanas.
Sólo una excepción a las normas, una más a las tantas que se han ido dando en los últimos años, podría autorizar algo así.
Y así fue, el proyecto se presentó en el Honorable Concejo Deliberante, en el cual, para la llamada “mayoría automática” de Acción Marplatense, no representó mas que un trámite.
Para los demás integrantes del Concejo Deliberante que tal vez estaban de acuerdo con aprobar la excepción, el que solamente los votos de Acción Marplatense puedan lograr la aprobación, era sin duda un alivio. Se libraron de tener que explicar una postura a todas luces incómoda en un año de elecciones.
El bloque de la UCR estaba en contra de la aprobación, no porque se hayan constituido en adalides del patrimonio marplatense, sino por aquello de la necesidad de modificar el COT, en el que estas excepciones ya estuvieran contempladas y tuvieran una norma que les permitiera lavarse las manos.
Sin embargo, su principal referente, Vilma Baragiola, la que viene, pero ya estaba, se recortó de sus compañeros de bancada y votó a favor del proyecto.
Vilma Baragiola, la que como diputada nacional no votó la ley de medios, pese a estar a favor, porque su partido había decidido no hacerlo, en este caso, no sólo no apoyó a su partido, ni ejerció la disciplina, sino que salió a darle a alguien una clara señal de que estaba de acuerdo.
¿Qué necesidad tenía Vilma de votar a favor, de que todos sepan de su interés por otorgar una excepción a favor de que privados obtengan un mayor rédito, si con los votos de Acción Marplatense el proyecto ya se hubiera aprobado? ¿Cuál era el desmedido interés de Vilma porque algún poderoso de la ciudad conociera su favoritismo hacia el negocio inmobiliario? ¿acaso la demostración de fidelidad al mismo amo? ¿la confirmación cabal, el gesto de calma hacia algún sector de que, votemos lo que votemos, la “mayoría automática” en el Concejo Deliberante seguiría en manos de quienes verdaderamente la detentan?
En algunos medios, Vilma sostiene que "no aprobó" la construcción de una torre, sino de un edificio de 8 o 9 pisos. Si así fuera, no hubiera hecho falta excepción alguna, ya que en la costa, gracias a ciertas prebendas de las que en este blog ya hemos hablado, se puede construir tranquilamente esa cantidad de pisos, sin necesidad de privilegios.
Una excepción como esta determina que habrá mas sombra sobre la costa, y en ese sentido se otorgó. Pero además, significa que habrá menos sol sobre las casas de los vecinos cercanos cuando el sol venga desde el mar, que perderán valor absoluto y patrimonial, el valor de sus casas únicas conseguidas con el ahorro de años, a favor de que unos cuantos empresarios puedan ganar mas con los departamentos mas altos que pueda vender ¿se entiende? Mientras usted disfruta de su fernet dominguero en su jardín, sepa que su propiedad, vecino, valdrá menos porque no tendrá el asoleamiento que tenía antes, y no se podrá tomar allí el fernet, ya que lo observarán desde 40 departamentos. Todo para que un empresario venda mas unidades de vivienda por mayor cantidad de dinero. ¿La solución? Su casa, vecino, cuyo valor cayó, podrá venderse a otro empresario de la construcción que, merced a las excepciones y el 30% mas que se permite construir en toda la ciudad desde hace mas de diez años por afuera de las reglas, podrá construir otro edificio, con el resultado de un barrio de casas bajas perdido para la ciudad y regalado a intereses ajenos al mismo y sus problemas.
Precisamente, quienes piden reglas claras, se benefician de las enmiendas y excepciones a las mismas, con el voto de reconocidos legisladores de la ciudad que así negocian las voluntades obtenidas en las urnas.
Lo cierto es que hace dos meses que una escuela de Mogotes no tiene clases, que en temas de educación, intendente y concejales no hacen otra cosa que señalar jurisdicciones y pasar la pelota a lejanos funcionarios provinciales en lugar de arreglar problemas inmediatos, que tal vez hubiera estado en sus manos determinar un nuevo edificio para la escuela, pero optaron por no hacer nada.
Por el otro lado, en materia de aprobar excepciones, la rapidez con que se manejan es notoria: el capital no puede esperar, la educación si.
¿Quedó claro? Los empresarios que, si los poderes soberanos de una ciudad, elegidos por su pueblo y en pleno ejercicio de la Constitución (que tantos se enojan cuando por otros motivos advierten que puede ser vulnerada), no actúan con la celeridad que sus caprichos demandan, llevarán sus dineros a otras ciudades cuyos representantes actúen mas rápido ante los mismos falsos estímulos.
Entonces, si nuestros concejales no actúan con rapidez, no se dice que en el mejor de los casos “no se generarán puestos de trabajo”, sino que “se perderán” los mismos, se usa a los gremios como grupo de choque, y los vecinos que defendemos que Mar del Plata se siga pareciendo a Mar del Plata nos transformamos en los enemigos públicos número uno.
El afán demoledor de algunos políticos locales, la necesidad de erigir mamotretos de cemento de dudosísima estética cuya única razón de ser es una modernidad que no le representa ningún valor a la ciudad pero sí al bolsillo del funcionario, bien podría encontrar su razón de ser en hospitales y escuelas. Nada debe ser mas moderno y funcional que un hospital o una escuela. En cuanto a los espacios en los que vivimos, con estar cómodos, es suficiente. Sin embargo, eso no ocurre. 
Mientras tanto, la Escuela 41, a la que Pulti y Baragiola no prestan atención, a pocas cuadras de donde otorgaron una excepción para que el capital privado arruine la ciudad y el asoleamiento de las casas linderas, continúa sin tener clases.

sábado, 18 de mayo de 2013

Cada vez mas alto, para caer mas bajo

¿Cómo se llamaba eso de autosatisfacerse? ¡Masturbación! Eso es lo que parece hacer la autodenominada "Cámara de empresarios de Punta Mogotes y Zona Sur", cuando se dirigen en la forma mas servil posible al arquitecto Jerónimo Mariani, beneficiario de los doce pisos que, por excepción del intendente Pulti en alianza con Vilma Baragiola, se van a concretar en la Av. de los Trabajadores esquina Lebensohn en esta carta a la que tuvimos acceso. Dice : "Sr. Arquitecto Jerónimo Mariani - Mar del Plata. S/D. De nuestra mayor consideración: En nuestro carácter de representantes de la Cámara de Empresarios de Punta Mogotes y Zona Sur (N. del R.: no sabemos porqué necesitan aclararlo si ya figura en el membrete de la misiva) tenemos el agrado de dirigirnos a ud.a fin de manifestarle lo siguiente:
Hemos seguido a través de los medios locales el trámite y debate (N.de.R.: llaman "debate" a levantar la mano mecánicamente) que culminó con la aprobación de un proyecto de construcción de un edificio a realizarse en la intersección de las calles M.Acevedo, Moisés Lebensohn y Avenida de los Trabajadores (ex Martinez de Hoz). Dicho proyecto proviene de su estudio y según la información que disponemos se trata de un edificio que por su diseño y calidad prestigiará este sector de la costa marplatense. El propósito de la presente es expresar nuestro agradecimiento como vecinos y empresarios del barrio por haber posibilitado el inicio de una obra cuyos beneficios en materia de creación de puestos de trabajo, inversión, ampliación de la oferta residencial y turística, etc. son indudables y llegan en un momento en que la construcción debe cumplir un rol mas dinámico ante la caída de otras actividades como la pesca. Esperamos que este proyecto que nos ocupa encabece el listado de muchos otros en los cuales se tenga en cuenta la ecuación económica financiera necesaria (N. del R: es decir, guita) para que los mismos se realicen. Desde el estado solicitamos (N. del R.: ¿se ponen en el lugar del Estado?) se busque elevar la calidad de los edificios a construir y que las exigencias requeridas sean compensadas con las alturas necesarias para realizar las inversiones lo mas rápidamente posible. La zona Sur de Mar del Plata tiene todo el potencial para continuar el desarrollo turístico de esta ciudad en la medida que dotemos al sector costero de la oferta habitacional (N. del R: hay miles de casas bajas que cubren esa oferta habitacional sin necesidad de construir un metro cuadrado más) de calidad (N.del R.: ahora nos dicen a los que vivimos en Mogotes que no tenemos calidad o vivimos en chozas) que está buscando el público que pretendemos atraer. Sin otro particular, aprovechamos la oportunidad para saludarlo con la más distinguida consideración.  Firmado: CPN María Messina-Presidente  Marcelo R. Potente-Secretario." El mismo versito de siempre, salvo que en ningún momento mencionan que la aprobación fue gracias a la patente de corso otorgada por el intendente Pulti con la ayuda de la concejal Baragiola. Pero además de lo bajo que se puede caer en tren de ofrecer elogios a una persona, veamos que la carta tiene debajo la dirección de la "Cámara de Empresarios de Punta Mogotes...", la Avenida Martínez de Hoz 2439 (Cómo les cuesta cambiar la papelería que homenajea a tan repudiable familia). Pero veamos: en esa dirección ¿qué hay? ¡La Inmobiliaria Potente!
que para ser Potente en este caso, debió recurrir al Viagra que les regaló Pulti, porque la inmobiliaria Potente es socia de Mariani en el emprendimiento denominado Torre Punta, es decir, la torre que va a estar en Lebensohn y la Costa, y Marcelo Potente es uno de los firmantes de esta carta chupamedias y masturbatoria, tal como figura en su página web www.potenteprop.com.ar, que mostramos aquí. Es decir, que uno de los beneficiarios de la excepción de Acción Marplatense+Baragiola le escribe a su socio en nombre de un grupo de caraduras sin representación alguna, autodenominado "empresarios", que funcionan con una dudosa independencia en la inmobiliaria socia de Mariani, lindera con la torre en cuestión, para felicitarlo por habérsele otorgado un beneficio fuera de las normas. Con privilegios otorgados por el poder, cualquiera es empresario. Caradura, vergonzoso, cuasimafioso. Potente es el señor que ponía su restaurant Faverio para las reuniones de esta runfla con Marcelo Artime, actual Secretario de Gobierno, comedero que, dicho sea de paso, se incendió el pasado verano, aunque fue reconstruido. Permítannos decirles que su edificio no sólo no prestigiará al barrio con su sombra sobre las casas linderas, pertenecientes a verdaderas familias de bien, verdaderos vecinos cuya opinión nunca cuenta a favor de la única opinión válida que es el hacer dinero, sino que tampoco uds. prestigian cosa alguna ni la han prestigiado en sus miserables vidas, sino que adonde van, dejan la huella de su mediocridad, aunque intenten tapar eso también con dinero.

miércoles, 22 de agosto de 2012

No a las torres, pero tampoco a las avivadas de quienes se "oponen"

Días atrás, el intendente nos amaneció con la idea de permitir la construcción de edificios en la zona de Alem. Como ya tratáramos en un artículo de este blog, todo obedece a un plan delineado hace unos cuantos años por los intereses inmobiliarios, ejecutado paulatinamente -acuerdos mediante- por las sucesivas administraciones municipales. Las antiguas casas de esa calle, devenidas en locales donde aún funcionan los boliches, quedarán vacíos cuando éstos se instalen -negocio turbio mediante- en la discutida Escollera Norte. Las grandes sumas por alquileres que dejarán de percibir serán compensadas de esta manera por el intendente con un negocio redondo, en lugar de darle a la zona una oportunidad de recomponerse como originalmente era y que la podamos disfrutar todos. Y aquí viene una de estas tretas que se exhiben a la opinión pública como "la vocación participativa" de este gobierno comunal: a través de ciertas reuniones, se les pregunta a los vecinos si están de acuerdo. ¿Qué diría ud, si alguien de la Municipalidad le va a preguntar si, por el terreno donde hoy está su casa, prefiere ganar 50 mil o un millón de dólares? No somos quienes para cuestionar su respuesta. El punto es que no se debate algo previo, y es qué queremos los vecinos para nuestra ciudad, si realmente queremos que allí se hagan edificios. Y allí debería estar el rol ineludible del Estado, que todos sabemos, Acción Marplatense puso en manos de una especie de "patria empresaria" que maneja la ciudad. Y la Municipalidad, en vez de reglamentar, utiliza la "voluntad del vecino" para llevar a cabo negocios propios y de sus amigos constructores.
Ahora bien, en tal orden de cosas, es casi lógico preguntarse qué posición ha adoptado al respecto la oposición, en tanto "oposición" supone una mirada alternativa. Frecuentemente en estos casos, oímos alzarse voces que se manifiestan en contra del proyecto oficial. Y la misma opinión pública desconcertada parece serenarse porque un adalid va a representar los intereses de lo que podríamos llamar el "sentido común" en el cuerpo deliberativo. ¡Pero no! Hoy lo escuchamos a Fernando Maraude, concejal por el Frente para la Victoria (bien puede haber sido cualquier otro en tanto representan los mismos intereses), hablar de que lo que verdaderamente hay que hacer es modificar todo el Código de Ordenamiento Territorial, pero no para evitar las torres ¡sino para permitirlas y evitarse el mal trago de aparecer ante los ciudadanos poniendo parches permanentes que los hacen ver como asociados en un curro! ¿se entiende? Nadie, pero absolutamente nadie, levanta la voz para evitar las torres, que en el caso de Alem suponemos que terminarán por las habituales argucias en siete u ocho pisos, en lugar de los cuatro que se pregonan.
Pero peor aún, hablar hoy de cambiar el COT en este tufillo de corrupción y lobby de las cámaras de la construcción no haría mas que abrir un enorme quiosco que termine habilitando la construcción de edificios en cualquier lado, un verdadero remate de voluntades puestas al mejor postor y en perjuicio de la ciudad y de los vecinos, jamás consultados para estos temas. No olvidemos los lamentos del amigo Castorina por la gran cantidad de restricciones para la construcción en nuestro barrio, utilizados para no declarar nuestra zona como "de interés patrimonial" de acuerdo al proyecto que presentamos en el HCD oportunamente.
Sería bueno que la mentada "participación vecinal" empiece por el inicio de la cosa, por su esencia, en vez de que nos consulten acerca de qué color queremos que sea la mole de cemento frente a nuestras casas. Como siempre decimos, que en vez de tener que elegir al violador, podamos elegir que no nos violen.